"El Grupo Poético Almuredín está compuesto por un grupo de profesores y profesoras con inquietudes literarias y poéticas que se constituyó en Osuna en octubre del 98 y que cuenta ya en su haber con la publicación de un primer poemario "Muestrario de azares" y la celebración de numerosas lecturas en torno a figuras como San Juan de la Cruz (puede consultarse en el CEP la  obrita "Entre las azucenas" antología de este poeta elaborada por el grupo), Federico García Lorca (también puede consultarse el trabajo "Viaje en torno a los lugares de García Lorca"), encuentros sobre poesía cubana contemporánea, etc.

        La muestra que se presenta a continuación es la base de una próxima publicación que en el mes de febrero saldrá a las librerías. El Grupo celebra tertulia en Osuna en los siguientes lugares: CEP, Posada de la Gomera y Taberna Jicales".

 

Contacto: almuredin@ceposunaecija.org


 

 

 

 

<<Dos palabras —me dijo Cristóbal—, aunque sean dos palabras… hay que forzar el momento para entrar en ese espacio que queremos explorar.>>

 

Y me propuse intentarlo.

 

Ya era de noche en mi casa, cuando se me reveló: todos mis devaneos con la escritura no han sido más que eso, dos palabras; y una serie limitada de paseos por un único lugar.

 

Dos,

abrazo, compañía, soledad que sueña hartura;

prolongada amistad, encuentro breve,

humana humanidad,

ternura.

 

Palabras,

dorado estigma;

aire, humo, pensamiento,

delicado y preciso reloj del corazón,

aleteo celestial, turbio silencio;

palabras, premio y castigo,

contenido y continente,

figura y lienzo.

 

 

***

 

 

Vuelve, camino de huertas,

y silencios y olivares…

y noches de infancia cierta.

 

Cuando el futuro sea

cosa pasada,

cuando no quede en mi mundo

más que el reverso del tiempo

y ese lamento indoloro

que se esparce en los confines

del imperio de la nada…

vuelve, y muéstrate de nuevo.

 

Viejo camino de chopos,

fresca sombra predilecta,

dulce campanada antigua…

vuelve y vigila mi sueño

hasta que, mansamente,

tras el último horizonte

desaparezca.

 

 

***

 

 

 

 

Letrilla

“Vas aconsejando de mí

con tono de menosprecio

cuando antes de hablar de nadie

tú debieras mirarte en el espejo.

 

Me miras y no me miras,

me hablas y no me hablas,

¿cómo voy a saber yo contigo

si me sobra o si me falta?

 

Envidia me tienen a mí,

porque dicen que tengo un tesoro,

lleno de cielos y de mares

que guardo yo en tus ojos.

 

Si me salí con la mía,

no sería mala señal,

que la  lechuza aullara en la torre

y los perros en la madrugá”.

 

 

***

 

 

La apuesta.

“Apuesto a que durante ni un solo día,

al contrario de lo que mi me sucede,

he sido yo tu primer pensamiento al despertar,

y el último antes de dormir.

 

Apuesto a que nunca te han parecido eternas,

las sesenta y siete horas que median

entre las tres de la tarde del viernes

y las ocho de la mañana del lunes.

 

Apuesto también a que jamás has sentido,

en la penumbra íntima de tu alcoba,

la oscura nostalgia de un abrazo

que enseguida supiste que era el mío.

 

Apuesto a que cuando estamos juntos

tu alegría o tu tristeza nada tienen que ver

con la alegría o la tristeza

que en esos momentos ves en mi cara.

 

Apuesto a que, con toda seguridad, nunca

has considerado que soy lo mejor de tu vida

y que ésta no ha sido hasta ahora

sino una preparación para nuestro encuentro.

 

Por apostar apostaría a que ni una sola vez

te has quedado absorta en el contraluz de un crepúsculo

mientras planeabas con detenimiento

explicarme cuánto y cómo me estabas queriendo.

 

Y cómo no apostar a que,

en ningún momento has tenido la certeza

de que cualquier futuro sin mí

es sencillamente inimaginable.

 

Pero te advierto que nunca he ganado una apuesta

y que me dirás con esa graciosa sorna

que últimamente gastas y tanto me gusta:

<<Excepto ésta vez>>.

 

Y yo, sin convicción, dados los antecedentes,

te contestaré llevándote la contraria:

<<Apuesto a que ésta, sí la gano>>”.

 

 

 

***

 


A Málaga entre la niebla.

Las nubes descansan

sobre las colinas sembradas de olivos.

Se dibuja una sábana nieblada,

que recorre el horizonte

con ese blanco profundo,

que difumina colores

y desperfila las formas.

El gris del agua latente

multiplica su cromía.

Sólo es agua, que del cielo,

se asoma al nacer el día@.

 

***

 

Una pinta en el mar.

ASi tu boca hablara

la mitad que tus ojos,

y tus manos tocaran

la mitad de tu vida.

No habría estrella en el cosmos

que ofreciera en su luz,

la cálida ternura

que sólo tienes tú@.

 

***

 

Lo echo de menos.

AQué frágil mi corazón,

que cuando siente tu ausencia

se abre como una flor

que la pisada revienta.

Sí, lo echo de menos.

Deseo me susurre con su aroma,

que me embriague con su voz,

e ilumine la esperanza.

Sí, quiero que llegue el amor@.

 

***

 

El jardín a mis amigos.

AAbrí el jardín de mis amigos

por vez primera.

Entraron sin pudor

contemplando el abrir

de mis petunias

y el olor de unas letras en flor@.

 

 

***

 

Tápame

ATápame.

Cuando la noche,

con su lengua oscura

cubra de frío

mi cuerpo desnudo.

Tápame.

Tápame con tus besos@.

 

***

 

Amanecer

ASe asoma el sol

con su calor diurno

a templar el gélido bullicio,

que la noche sembró

en su descanso oscuro.

Sus rayos son la libertad

del que puede contemplar

un nuevo día

comprendiendo lo hermosa y ciega

que la vida discurre,

sin saber dónde llega,

ni mirar dónde va@.

 

***

 

“Cuando te recuerdo...

Cuando te recuerdo...

Se dibuja en mi rostro

una sonrisa amable.

tu alegría profunda,

la esperanza en tus ojos,

esa tímida caricia

que sólo deja miel,

ese optimismo que bebe

de las puertas de la vida,

la resignación de un alma

curtida por el miedo.

 

Cuando te recuerdo...

no nacen reproches,

ni quejas, ni odio,

ni palabras altas, ni rabia callada.

sólo la felicidad

humedece mis ojos

por sentirte tan cerca

y tenerte tan lejos,

por amarte sabiendo

que debo alejarme.

Cuando te recuerdo...

Cuánto te recuerdo”.

 

***


“Una amiga de papel

Quería tener una amiga,

una amiga de papel,

para tener buenos ratos,

bailar, pasear y beber,

para darnos compañía,

ir al cine o a comer,

o pasear en bicicleta

o hacer yoga en el parqué

pero el viento se llevó

a mi amiga de papel.

Sólo duerme en icq,

oculta bajo la red”.

 

***

 

ADejadme soñar con ella...

Y si apreciáis que en mi sueño la vida entrego,

dejad que muera...

Pues prefiero en el dormir poseerla

a despertar con su ausencia.

(Dejadme! Dejadme soñar con ella...@

 

***

 

“Que mi amor se queme en ti

como la llama en la leña

que mis versos naufragen en tu boca

al vaivén de las olas de tu cuerpo.

Que la corriente me arrastre

a lo más profundo de tu ser

mientras mis labios toman

aliento en tus senos.

Que la claridad de tus ojos

sea algo más que color de cielo ¡un espejo!

donde poder ver una razón

para seguir amándote aún en silencio....

Que mi amor se queme”.

 

***

 

Dulce calma

“El día que mi alma vuele

y mi cuerpo tumbado espere su quema

que nadie lance un quejío

que nadie llore, ni vista sus carnes

con negras telas.

Que aquellos que me quisieran

no han de sentir pena sino

alegría porque ese día

mi alma será mi alma

mi cuerpo será otro cuerpo

mi vida será otra vida”.

 

           

***

 

Mi cándida enajenación

ASirena que sin hablar me llamas

y me haces nadar en tus frías aguas

Déjame caer en tu red,

que mi piel se cubra de algas

déjame es escuchar tu canto

que enloquecer más no puedo

llévame hasta el horizonte

donde el sol baña su cara,

no me dejes encallado

en esta roca olvidada,

sirena de dulce rostro y tez salada

déjame caer en tu red

y que mi piel se cubra de algas.

 

***

 

Huellas

“Surcos de amor en la piel.

Insobornables recuerdos en recónditas moradas corporales.

Urgentes balbuceos que el ahogo dejó perpetuamente indescifrables.

Encajes de sonidos que el tiempo perturbó.

Palomas que olvidaron sus mensajes, dejando a cambio, tu olor en mi almohada”.

 

***

 

Evocación

“Meticulosamente se empleó en rescatar flotantes retazos de su vida.

Invirtió su escurridizo tiempo en inventariarlos.

Clasificó sistemáticamente sus piezas desarrollando fórmulas establecidas.

Rítmicamente compuso y recompuso infinitas variantes.

Concretó múltiples caleidoscopios perfectamente desconocidos...

Hasta resumir que <<el fiar en la memoria>> forma parte de un protocolo

tan real y ficticio como la esperanza misma”.

 

 

 

***

 

Inicial

Aquella caricia fue como el amanecer.

Se mancharon de tinta todos los contornos de la aurora

y cantaban los besos sobre los cuerpos embriagados.

 

                              

***

 

Sueños

Esperad, esperad.

La huida cerrará las tibias puertas de las ensoñaciones

y quedaré solo

hundido en el negro horizonte

del silencio.

Mejor dejadme morir en vuestra música

bebiendo en la copa del alba

la ilusión última

de mi corazón desgarrado.

 

 

***

 

Te busqué con el alma extendida

en los ocultos lugares del corazón.

Hice añicos mi frente por seguirte

y tú estabas en las lágrimas,

las últimas lágrimas que derramé por ti.

 

 

***        

 

Eras tú.

La tarde tenía frágiles caderas,                                                                        

algo así

como una dulce alma que escapaba

a sus dedos crepusculares.

Allá sobre la espuma quedó algo enredado en mi boca.

Gaviotas del atardecer en playas solitarias

dormitaban aleteando en mis sueños.

Eras tú,

Gaviota-sueño,

sueño caído de las altas murallas de la efímera dicha.

 

 

***

 

          

El solitario

“Nací en una fría región del remoto Norte donde las noches y las nieblas son eternas y el paisaje es un duro y yermo páramo helado.

Desde donde puede abarcar esta memoria mía que tanto me pesa y abruma, he vivido en una solitaria fortaleza entre muros ciclópeos de oscuro granito.

Poco sé decir de este extraño destino al que mi vida está sometida, ni soy capaz de encontrar culpa que pueda justificar la condena a sufrir semejante prisión entre sombras, silencio y frío, cuyas puertas, sin embargo, no se cierran jamás.

Nunca he hablado con nadie.  Mi única noticia de otro ser humano, puesto que la fortaleza carece de espejos, es una visión deformada por el olvido de una figura que con terrible gesto y ojos de fuego, desde lo alto me señala profiriendo una terrible acusación cuyo exacto sentido solo puedo presentir.

Hace tanto tiempo que no duermo que me resulta imposible recordarlo, y, así, en lo que presumo son días y noches en el mundo exterior, doy interminables paseos por unos corredores oscuros e indescifrables, o mortifico mis ojos en la inmensa biblioteca que han tenido a bien disponer para mí.

Allí, en lo que convencionalmente puedo llamar el principio, sobre la fortaleza y sus constructores y sobre los  otros seres solitarios que la habitaran antes que yo, acostumbraba a indagar respuestas en los innumerables y desordenados títulos que poblaban sus anaqueles.

Durante largos períodos consumí con fruición y por entero mis fuerzas en esa búsqueda apasionada y frenética que, ahora, ya encuentro enteramente pueril e inexplicable.

Por lo demás, poco pude averiguar, y aún esto, sólo de una manera vaga y confusa que no llegué a entender del todo:

En un abismo de tiempo anterior, siete días con sus siete noches, había tardado en construirla un oscuro arquitecto. Después, hubo una guerra entre dioses rivales donde los vencidos fueron aniquilados sin piedad, destruidos sus altares y templos y proscrito con severidad el culto a sus adoradores quienes por la cruel generosidad de los que vencieron, fuimos liberados de la destrucción pero condenados a este exilio absoluto.

Más tarde, nada de eso me interesó y con un inmenso vacío en el alma labrado por largas noches de vigilia y monólogos, mi única ocupación fue la de burlar a mis invisibles carceleros y hallar un modo de escapar de la fortaleza.

Pasé interminables series de tiempo tratando de urdir el mejor plan de huida y, para ello, sistemáticamente hollé miles de páginas de los muchos volúmenes de la biblioteca que trataban sobre ese arte.

¡Cuántas veces me comparé entonces con Penélope tejiendo sin cesar proyectos de huida que pronto, sin fe alguna en ellos, destejía en aras de otros que creía más perfectos!

Un día por fín alcancé  a comprender que no hacían falta planes ni libros para escapar de la fortaleza y que para ello bastaba con cruzar alguna de sus innumerables puertas. Pero hasta hoy nunca he podido hacerlo y empiezo a sentir que, tal vez, no podré jamás.

A pesar de ello, todavía en ocasiones, un súbito impulso hace que me dirija corriendo con decisión hacia cualquiera de ellas, mas en cuanto llego al umbral me detengo y al contemplar la desolada llanura que se extiende ante mis ojos, su visión me produce un vértigo que me obliga a esconderme tiritando durante días en alguno de los más profundos sótanos. Cuantas veces ha sucedido esto último he perdido siempre todo resto de esperanza en poder salir alguna vez de aquí.

 De hecho, ahora que escribo este mensaje pienso que tal vez la verdadera salida del terrible laberinto en que me hallo, es la de encontrar un sentido a mi estancia en la fortaleza y concentrarme en una actividad noble que la pueda justificar ante mis ojos, o ante los de aquellos que presumo me sucederán como huéspedes solitarios en la misma.

Aunque en otros momentos, cuando paseando a cuerpo por las murallas ha cesado por un instante la galerna y he creído ver un fugaz rayo de sol entre los jirones de niebla o, en la profunda negrura nocturna, el pálido destello de la luz de Sirio, me parece imposible que contra todas mis evidencias esas visiones no tengan un significado que descubrir, que no sean un signo secreto que descifrar.

Pero no estoy seguro”.

***

 

El encuentro.

“Llegué a la ciudad una tarde gris de invierno, en que los relámpagos de una tormenta llenaban de espanto a las palomas y un viento frío ponía el gesto huraño, a los transeúntes que deambulaban por sus avenidas.

Nunca antes la había visitado ni tenía apenas alguna referencia sobre ella o sus habitantes, o intuición de lo que me aguardaba, pero desde el momento mismo en que pisé tierra en el andén solitario y mugriento de su estación, la supe secreta y enigmáticamente enemiga.

Ahora puedo recordarlo perfectamente: un raro presentimiento que tardé en reconocer me hizo saber que debía apresurarme; que debía terminar aquel mismo día el trabajo y regresar de inmediato en uno de los trenes de la madrugada.

Sin apenas comprender su alcance, esta idea me hizo acelerar el paso con decisión, y fue al disponerme a cruzar la calle y detenerme ante el autobús que se dirigía hacía mí, cuando puede ver la cara tras los cristales iluminados de una de las ventanillas. Fue en ese momento cuando empezó todo.

Su visión primera, instantánea y huidiza sólo me produjo un cierto desasosiego, al que, en el conjunto de cosas extraordinarias que venían presidiendo mi llegada a la ciudad, no concedí entonces importancia.

Cuando aquella noche por fin pude marchar de vuelta abandonando con prisa no disimulada la ciudad, una leve euforia me haría olvidarla momentáneamente. Luego he podido saber que, desde el día en que la vi por vez primera, hasta hoy en que escribo estas líneas, esos habrían de ser los únicos momentos en que no la he tenido presente.

A la mañana del día siguiente un sueño inquieto en que pude verla con singular claridad me hizo despertar. En adelante, ya lo he dicho, su visión me seguiría acompañando con breves intermitencias en que un estupor creciente y del todo inexplicable para el hombre que yo era, empezó a ocupar mi mente.

No tardaría mucho en acostumbrarme a su compañía permanente, a establecer con ella en las terrazas de los cafés, diálogos imaginarios sobre mil asuntos entre los que abundaban los referidos a nuestro encuentro y al mutuo significado que para nosotros tenía.

Desde entonces, en innumerables ocasiones he intentado reflejar mediante la escritura o el dibujo, habilidades ambas en las que destaco, los detalles de ese rostro y de sus ojos, resultando siempre para mí una empresa imposible.

También diré que muchas veces, sin fortuna y sin convicción, es cierto, he planeado averiguar donde vive, a quién corresponden esos rasgos que no puedo olvidar, deteniéndome siempre la sospecha inexplicable de que me prefiere en esta lejanía.

No puedo representarme las secretas razones que han propiciado esta experiencia, ni tampoco la finalidad que cumple ya una existencia alterada para siempre por ella, que absurdamente veo prolongarse en una espera que me consume.

 En cambio, creo adivinar que nada ha sido fortuito, que para mí ya no pueden existir ni otra compañía, ni otra vida, ni otro destino, que no sean los de esa cara, para quien dócil y complaciente he fabricado mil biografías, y en la alta noche paseado su conversación por solitarios bulevares.

Que vivo con este secreto que a nadie puedo comunicar y temeroso de que en cada gesto mío pueda ser adivinado.

Que mi felicidad o mi infelicidad dependen de los rasgos felices o infelices con que en cada momento me la represento, y que quizás habremos de reunirnos un día, aunque yo no sepa aún dónde ni cuando”.